La Reserva Natural Integral de Muniellos se puede considerar la joya de la corona del
occidente de la Cordillera Cantábrica. En ella se halla el mayor
robledal en buen estado de conservación de toda Europa occidental.
Cuando nos adentramos en su interior, camino de las Lagunas de
Muniellos, nos vemos inmersos en un océano de árboles y durante horas
no alcanzamos a ver vestigios del paso del ser humano -exceptuando el
sendero por el que caminamos- en un ángulo de 360º. Quizá carezca de la
vistosidad de determinados hayedos o abedulares, pero el valor ecológico de
este robledal es muy elevado.
Por ello el acceso a su
interior está muy restringido. Solamente 20 personas por día -una vez
por persona y año- pueden recorrer los senderos que parten de Tablizas.
El itinerario largo recorre la ladera sur de la Sierra de Muniellos,
por el paraje conocido como Fonculebrera y enlaza con el sendero que va
paralelo al Río Tablizas en la Vallina Piélago. Desde ahí un corto
tramo nos separa de las tres Lagunas de Muniellos. Lo habitual para
personas con un fondo físico normal es realizar el circuito entero, que
nos puede llevar de seis horas en adelante.
Para solicitar el
permiso de entrada a la Reserva, bien podemos llamar al teléfono 985 27
91 00 o visitar la web del Principado de Asturias, www.asturias.es,
donde podemos tramitarlo de forma autómatica. Pulsando aquí puedes ir directamente a la página donde se realiza.
Si nos encontramos en el entorno de Muniellos y no tenemos permiso, en
caso de existir plazas libres ese día, podremos ser admitidos, siempre
que llevemos nuestro DNI. Pero lo más recomendable es solicitar nuestra
plaza previamente, con meses de antelación si se trata de los meses de
verano, Semana Santa, puentes o fines de semana de la primavera u
otoño. También podremos cancelarla o posponerla siempre que lo hagamos
con un margen de tiempo.
La visita bien merece la pena, aunque sólo sea por la extraña sensación de sentirnos en una Amazonia a la asturiana, donde
parecemos haber vuelto en la máquina del tiempo a una era donde el
hombre aún no se había propuesto hacer desaparecer las grandes masas
forestales que poblaban la Tierra.