En términos montañeros, se conoce como 'El Occidente de la Cordillera Cantábrica' a las montañas que se encuentran al oeste del Puerto de Somiedo, hasta la Sierra de Ancares. El tipo de suelo calizo habitual del resto de esta cadena montañosa apenas aflora aquí, salvo el tramo inicial hasta El Cornón y alguna diminuta franja en el concejo de Cangas del Narcea y en el pasillo Zarréu-Cuevas del Sil.
Las magníficas paredes blanco-grisáceas de roca caliza de las montañas de Somiedo, Teverga, Ubiña, Redes, Ponga o Picos de Europa, junto con las fotogénicas praderías que las rodean y que conlleva este tipo de suelo, enamoran a cualquiera, aficionado confeso o no a la alta montaña.
En cambio, el tipo de suelo que se da en el Occidente de la cordillera es el silíceo, compuesto por cuarcitas y pizarras y con montañas de formas más suaves. Para muchos, por desconocimiento inicial, las montañas del Occidente son monótonas y aburridas.
Nada más lejos de la realidad.
Fana Rubia, en el valle de Salentinos (Alto Sil)
En el Occidente existen numerosas montañas que superan los 2.000 metros de altitud -Alto Sil- y otras muchas que los rozan -Fuentes del Narcea y Ancares-, muchas de ellas moldeadas por espectaculares cuencas y circos glaciares, más perceptibles, quizá, que en otras montañas de mayor altura más al este. Y para el amante de los bosques, nada mejor que el Occidente, donde están enclavados el robledal más grande de la península Ibérica: el Bosque de Muniellos; el mayor hayedo de Asturias y uno de los más grandes de España: el de Monasterio de Hermo; la larguísima franja boscosa que arranca del embalse de Las Rozas, en Villablino y se extiende sin interrupciones hasta bien entrado el concejo de Ibias, atravesando todo el concejo de Degaña, con más de 30 kilómetros de denso bosque continuo; y otras joyas como el hayedo del valle de Xunqueiras, los bosques del corredor de Leitariegos o los hayedos del valle de Cibea. Sin olvidar los excelentes bosques del Alto Sil, entre los que se encuentran algunos de los mejores abedulares de toda Europa y principal bastión del maltrecho urogallo cantábrico.
Hayedo de Monasterio de Hermo
Si además tenemos en cuenta que todas estas montañas no tienen masificación alguna, ni problemas de aparcamiento y que la conservación de sus ecosistemas han permitido que el oso pardo y el urogallo encuentren aquí su mejor refugio, nos encontramos con que el Occidente de la Cordillera Cantábrica es, realmente, el último paraíso.